Y la imagen se me hizo nítida en los ojos: comprendo ahora mis ganas espaciales de saltar por aquella ventana...
Fue de pequeña, quizás unos diez años. Recuerdo el medio moño, el short de mezclilla con bordados rosados, la polera amarilla, los zapatitos relucientes de fiel charol y esos calcetines que parecían de muñeca. Los zapitos, esos están más latentes: mis manos en los bordes de la ventana mi cabeza inclinada hacia abajo, mis zapatos en el umbral… “Salta” me decía una vocecita infantil, tan infantil como la mía, y mis pies se detenían ante los cinco metros que separaban el umbral del ventanal del segundo piso del suelo. “Salta”, y ¿por qué no? ¿qué puede suceder? Al fin, solo es saltar, ¿cierto? Si lo miro ahora, ya lejos de la inocencia dormida, aquello constituía claramente un acto suicida, no consciente, de una pequeña de diez años. Pero no, pues frente a esta inmensidad que se me presenta con el manto de la noche santiaguina, todo ahora tiene otra forma.
Cada vez que pongo mi cansada celda terrenal sobre mi cama de estudiante, cierro los ojos y unas ganas incontenibles me dan por levantarme y lanzarme por la ventana, rompiendo los vidrios y todo… pero no me veo cayendo, así como tampoco me veía cayendo de niña, ¡No! Yo veo como mis ojos se pasean por todas esas luces lejanas que me invitan a alcanzarlas… rojas, verdes, azules todas están pero desaparecen. Son las estrellas de una metrópolis dormida, las flores nocturnas de un cielo oscuro y nublado. Veo mis ojos pasearse por aquí y allá, entre concreto, entre arboles… y desaparecer encontrando al sol que viene del otro lado alumbrando un nuevo día. Yo quiero saltar, pero salir volando hacia ese incontenible deseo de sentir la brisa en mi cara, la humedad del aire, el olor a tabaco de habitaciones escondidas, los colores vaporosos debajo de la luna… la brisa entre mis dedos, helando mis orejas; el vértigo persiguiendo mi agitado corazón, mi mente inundándose de imágenes nuevas, de colores, de texturas…
Yo no quería lisa y llanamente saltar del segundo piso cuando tenía diez años; no, yo quería volar, como quiero ahora.
Y si finalmente… ¿salto? Tal vez, quién sabe, siempre si tuve las alas, ¿no?
[Aminta]