sábado, 13 de agosto de 2011

Algo más que un si condicional


Sí, definitivamente me da pudor esta vida llena de superficialidades.

Si mirar al lado implica ver su cara desencajada de esto que llama vida prefiero voltear mis ojos hacia dentro.

[Contigo mi lengua se desdibuja y no se reencuentra con su más yo ni su más nada]

El llamado es tenue y duele, duele al oído, a la mirada más inocente- huele a óxido sangrante ¡A más que sangre!- duele al tacto, al tacto, al tacto tacto tacto y me quedo pegada ahí, que soy de esas que sienten hasta con el útero.


Si tu guiño fue lo esencial de mi día pasado lo agradezco, aunque no valga la pena, por que sí, tú y yo sabemos que la cobardía una vez más fue la madre de nuestras acciones.

[Me asaltas a cada rato, sueño tras sueño, lo llenas todo de mar…todo tan húmedo, pez tornasol, todo tan azul]


Si pretendo otro reencuentro estaré siendo una vez más la más maldita -y no quiero matar nuevamente mi más yo- porque si nuevamente nos desencontramos en el momento que nuestras miradas son una, si nuevamente pretendemos nunca habernos visto e ignorar que fuimos más que protagonistas de esas sensaciones que deshacen el alma- que nos movieron por días, que nos arrancaron sonrisas cómplices pero calladas, vivas, pero de pájaro escondido- si vuelve a pasar eso, la verdad seré la mujer que no encontró a su más yo ni su más nada. Algo más que triste, algo más que insolente a lo que llamamos tu vida y la mía, esas que se convirtieron en superficialidad pura por un día, esas que hoy definitivamente me obligan a bajar el rostro, encendido de eso que llamábamos pudor.

Si vuelve a pasar eso me transformaré en el impúdico si condicional que alimentó nuestras ilusiones…o sea, en nada.

sábado, 30 de abril de 2011

I

¿Habías visto cosa más bella que un Santiago muriendo como un amanecer? Cuando lo diviso de lejos, a través del cristal que se empaña con mi respiración agitada, gozosa; es imposible no reconocerlo: está ahí detrás de las luces naranjas, la ciudad hundida, la ciudad sin cielo, sin suelo, la ciudad de pequeñas montañas y valles; la ciudad que no duerme, que aún de noche proyecta un amanecer artificial y continuo, pero sin sol, sin nubes, sin estrellas muriendo… y una especia de tristeza inútil te bordea, y no dejas de mirar a la gente en el metro, buscas caras conocidas, las comparas, buscas en ojos ajenos miradas que alguna vez te dieron, que extrañas… te pegas a la puerta, casi como un babosa exploradora y observas como pasa tu cuerpo entre la gente, entre los túneles. Y te haces heteréo, de aire... una sombra a la velocidad de la luz.Y sigues mirando, no por curiosidad sino por el simple deseo de responder una sonrisa, una mirada cómplice, y la gente se apura, corre, todos corren y tu caminas y sabes que estorbas, pero caminas, no hay puro, el tiempo se ha vuelto eterno para ti y subes las escaleras y sigues pensando “llegué a Santiago, otra vez estoy aquí, y ¿dónde hay que doblar? claro, combinación línea cinco, sí, por ahí, a casa ¿ es mi casa?” Y sigues caminando, la gente te empuja, tú ni te inmutas… ¿le ayudo con su maleta señorita? No, muchas gracias, dices. Sabes que apenas te la puedes, pero quieres cargar tu cansancio, tu nostalgia y tu alegría mísera (casi estúpida) sola y digna, como siempre ha sido, como siempre deberá ser.




Aminta

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Urbano

El pueblo está contento. Hay carnavales en las calles... ¿qué le sucede al pueblo? Está contento, está feliz. Cantan, ríen, corren y hasta se rozan... El pueblo, el pueblo... sí, esa masa multiforme que se mueve al ritmo del viento, que se mueve al vaivén del metro, que se mueve al sonar del motor de la cuncuna verde. Yo sentada en Ahumada, veo como un perro dormita en la mitad del paseo. Parece un muerto y nadie lo ve. Una señora casi lo pisa, un señor casi se tropieza... una niñita lo mira y balbucea algo a su madre, que se ocupa en hablar por celular. Una muchacha de mi edad, se acerca y abre un yogurt en frente de él: el perro se demora en sentir el olor de la leche y cuando descubre con asombro que es comida, mueve la cola. Una mujer me pidió fuego... una señora caminaba con una hilera de confort pegada en su pie: su nieta se ríe mientras yo reía. Un señor me dice algo del clima, yo le respondo no sé que cosa. Un muchacho pasa y me sonríe. Un cigarro se confunde con el viento inesperado de esta tarde. Regalos, regalos... ah! regalos por navidad... gente que gasta aquello que no tiene. ¡Que más da!, es navidad, ¿no?
Es la hora. Se acabó la hora de colación. El perro reposa dónde estaba, un poco hacia la derecha, cerca del envase vacío del yogurt. Apenas respira... nadie lo ve, es casi como si no existiera.
[Aminta]

sábado, 11 de diciembre de 2010

La despedida

Abandonemonos. Si abandóname tú para dejarte ir yo.
Dejémonos de estupideces… las cosas frente a frente, al hueso, directo a la vena envuelto en droga mortal.
Abandona mis sueños. Mis sueños son penumbras que nublan mi día. Abandona este cuerpo inerte de mujer soñada, que solo busca entre cajas oscuras recuerdos que se escapan lejos al atardecer. Vete, vete… si, no me mires así, no rías… esa sonrisa: mi tortura constante. No… ¿odio? No, no alcanza… mira tú sólo vete, toma tus cosas y abandóname. No quiero excusas, no quiero palabras, no quiero miradas extrañas… no toques mi mano. Ella se acostumbró a deambular sola por las orillas de las sábanas buscándote. No me toques la cara. Ahora es la amante del viento matutino y del vespertino al llegar a casa. Ya quitaste mucho. No me devuelvas nada, no. Yo lo que te dí, lo regalé con el alma… no, no quédatelo… que más da ¡tengo tantos recuerdos!, llévate un par. ¿Ah? ¿Eso? ¡Pero si eso es tuyo! Yo nunca lo tuve… Llévate también ese retazo de angustias que esta sobre las desesperaciones… y tampoco quiero el llanto. Pon en tu maleta (mi maleta) las zozobras de un corazón partido ¡Ah! ¡Buen viaje querido!, espero que no vuelvas. No, claro que no. Ya sabes que no me alcanza ese sentir de amargura. La locura déjamela. Esa sí que es mía, ¿no? Recuerdas que nunca hiciste nada loco por los dos? ¡Yo sí! Yo amé cada segundo infinito de locura vivida ¿Ah? Pero si eso también es tuyo querido! No me dejes aquí esas palabras sucias de crímenes que recién descubrí… oh! Claro que no soy detective, pero no hizo falta querido, no hizo.
Cierra la puerta, sí; tengo llave, pero entrega la tuya. Esta vez, la cerradura se quiebra para poner una nueva. Sí querido, creo que será mejor cambiarme de casa ¿quieres llevar tú las llaves? Yo cambiaré de lugar, es mejor, puedes recomenzar aquí… yo quiero un poco más de aire del sur… sí, ese viento fresco que remueve las cortinas en la tarde. Bien, sí, hoy me quedo aquí y mañana marcho a primera hora. Sí hoy me quedaré frente a este cuadro ¿recuerdas? Que risas esas… buenas noches, sí, ya sabes, no vuelvas ¿Yo? Pues yo querido, me voy lejos, allí donde nacen las raíces de los árboles… allí dónde termina el cielo y comienza lo infinito.
[Aminta]

jueves, 2 de diciembre de 2010

Ya está bueno, no?

Víbora Alfa se hace presente para reportar en la bitácora el fin de sus transmisiones:

Ya está bueno, no?
Tropezar con las mismas piedras,
caer de frente a repetir las mismas palabras...

"Nunca más" (es) que con el trancurrir del tiempo no vienen a ser mas reconfirmaciones del sí, de lo que no se olvida, de las heridas que no cierra por que uno siempre se empeña en mantenerlas abiertas. Salvador Reyes decía algo como "El que vive en el pasado es un imbécil y el que vive en el futuro, un iluso". Claro, pero vivir de lo ya transcurrido, volver a beber del agua derramada siempre va a ser mas fácil para no tener que levantarte e ir de nuevo a la fuente.

Ya basta.

Me parece que es hora de crecer, aunque haya quien se aferre a sus ropas de niño.
Creo que hay que cambiar las vendas, olvidar o definitivamente ir a pasear al psiquiatra. Porque los recuerdos pueden volverte loco (a), porque son el alimento de la ansiedad y la depresión.

No estoy segura de lo que tengo que decir, pero casi podría jurar que de mis palabras de translucen las intenciones.


Fin de las transmisiones,
Cambio y Fuera.

Lengua Insolente.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Revelaciones desde un pasado suicida



Y la imagen se me hizo nítida en los ojos: comprendo ahora mis ganas espaciales de saltar por aquella ventana...

Fue de pequeña, quizás unos diez años. Recuerdo el medio moño, el short de mezclilla con bordados rosados, la polera amarilla, los zapatitos relucientes de fiel charol y esos calcetines que parecían de muñeca. Los zapitos, esos están más latentes: mis manos en los bordes de la ventana mi cabeza inclinada hacia abajo, mis zapatos en el umbral… “Salta” me decía una vocecita infantil, tan infantil como la mía, y mis pies se detenían ante los cinco metros que separaban el umbral del ventanal del segundo piso del suelo. “Salta”, y ¿por qué no? ¿qué puede suceder? Al fin, solo es saltar, ¿cierto? Si lo miro ahora, ya lejos de la inocencia dormida, aquello constituía claramente un acto suicida, no consciente, de una pequeña de diez años. Pero no, pues frente a esta inmensidad que se me presenta con el manto de la noche santiaguina, todo ahora tiene otra forma.
Cada vez que pongo mi cansada celda terrenal sobre mi cama de estudiante, cierro los ojos y unas ganas incontenibles me dan por levantarme y lanzarme por la ventana, rompiendo los vidrios y todo… pero no me veo cayendo, así como tampoco me veía cayendo de niña, ¡No! Yo veo como mis ojos se pasean por todas esas luces lejanas que me invitan a alcanzarlas… rojas, verdes, azules todas están pero desaparecen. Son las estrellas de una metrópolis dormida, las flores nocturnas de un cielo oscuro y nublado. Veo mis ojos pasearse por aquí y allá, entre concreto, entre arboles… y desaparecer encontrando al sol que viene del otro lado alumbrando un nuevo día. Yo quiero saltar, pero salir volando hacia ese incontenible deseo de sentir la brisa en mi cara, la humedad del aire, el olor a tabaco de habitaciones escondidas, los colores vaporosos debajo de la luna… la brisa entre mis dedos, helando mis orejas; el vértigo persiguiendo mi agitado corazón, mi mente inundándose de imágenes nuevas, de colores, de texturas…

Yo no quería lisa y llanamente saltar del segundo piso cuando tenía diez años; no, yo quería volar, como quiero ahora.

Y si finalmente… ¿salto? Tal vez, quién sabe, siempre si tuve las alas, ¿no?

[Aminta]

lunes, 11 de octubre de 2010

Creyendo again

Basta.
Dos tequilas más y entonces ya no podré levantarme de la barra.
- Mozo! Mozooooooo! otro más por favor!
-Caballero, usted ya ha bebido suficiente, le recomiendo que se marche si no quiere tener problemas.

No sé porque, pero decidí no buscar pleitos. Pagué la cuenta con honores y me marché por las calles vacías de la ciudad, mientras una llovizna delgada, de esas que solo tienden a humedecerte el pelo, caía dorada bajo mis pies y los faros nocturnos.

Su olor aún impregnaba mi habitación. Pensé que borracho mis sentidos disminuían su capacidad "sensitoria", pero algo malo pasó con el tequila que me tenía al borde de un mundo de sinsabores, un espacio que,por cierto, seguía siendo más de ella que mío.

La cama desecha, expendía el olor a flores primaverales que lleva cada parte de su cuerpo. Los vasos sobre la mesa, repletos de pequeñas obreras, aún tenían vino de la cena pasada. Ese mismo vino con el cuál reímos a carcajadas sobre la cama, antes de hacer el amor y de que tú me dejarás.

Tiré los zapatos hacia un rincón y me hundí en tu almohada. Creí tenerte a mi lado en cada inspiración del aire, y pensé rodearte la cintura con mi mano sobre las sabánas. Creí sentir tu pelo sobre mi frente y hasta tu aliento sobre mi boca. Recordé la miel de tus labios, la candidez de tu lengua, tus manos recorriendo mi pecho, mis manos explorando tus senos, el estrépito de tu risa... tus ojos cansados, tu frente buscando mi boca, tus suspiros, tus gemidos, tu sonrisa nuevamente... tu sonrisa todo lo puede transformar.

Nunca había llorado como esa noche.

( No entiendes mis ganas de morir, frágil paloma. Extendiste tus alas y te marchaste junto con las golondrinas. Tal vez eres su reina, y sin reyes una monarquía es imposible. Quiero pretender que entiendo tus liberales pensamientos sobre ese amor pasajero y furtivo que tanto amas, y que yo amaba de tí. No puedo ni odiarte dulzura mía, sería negar que amo nuestro pasado. Hoy por hoy, tal vez sea el día de volver a comenzar,y de caminar tranquilo por las tardes disfrutando la brisa fresca del otoño. Cambié de casa, y el trabajo ya no es tan insoportable. Planté en el jardín amapolas amarillas y me siento el dios de un espacio reducido. Ahora escribo de vez en cuando, aunque sé querida, que tú estás más allá de mis palabras y mis pensamientos.
Estoy convencido de la no existencia del destino y cada mañana se convirtió en un milagro. Gracias por enseñarme que cada flor entre las manos es pasajera mientras se marchita y cortas una nueva creyéndola eterna.
Se fue la ausencia y quedó tu sonrisa sobre la mía).

[Aminta]