miércoles, 15 de diciembre de 2010

Urbano

El pueblo está contento. Hay carnavales en las calles... ¿qué le sucede al pueblo? Está contento, está feliz. Cantan, ríen, corren y hasta se rozan... El pueblo, el pueblo... sí, esa masa multiforme que se mueve al ritmo del viento, que se mueve al vaivén del metro, que se mueve al sonar del motor de la cuncuna verde. Yo sentada en Ahumada, veo como un perro dormita en la mitad del paseo. Parece un muerto y nadie lo ve. Una señora casi lo pisa, un señor casi se tropieza... una niñita lo mira y balbucea algo a su madre, que se ocupa en hablar por celular. Una muchacha de mi edad, se acerca y abre un yogurt en frente de él: el perro se demora en sentir el olor de la leche y cuando descubre con asombro que es comida, mueve la cola. Una mujer me pidió fuego... una señora caminaba con una hilera de confort pegada en su pie: su nieta se ríe mientras yo reía. Un señor me dice algo del clima, yo le respondo no sé que cosa. Un muchacho pasa y me sonríe. Un cigarro se confunde con el viento inesperado de esta tarde. Regalos, regalos... ah! regalos por navidad... gente que gasta aquello que no tiene. ¡Que más da!, es navidad, ¿no?
Es la hora. Se acabó la hora de colación. El perro reposa dónde estaba, un poco hacia la derecha, cerca del envase vacío del yogurt. Apenas respira... nadie lo ve, es casi como si no existiera.
[Aminta]

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