"y cuando estés triste mira un aromo florecido y sonríe al cielo"
M.E.S
Apurada y cansada, deseosa de llegar pronto a casa, diviso en la esquina algo que me saca de la agitación del camino y me hace dibujar una sonrisa nostálgica entre mis labios: cuatro arboles de aromo inundaban de amarillo dorado la esquina de Grecia con Marathon. Rápidamente el solo color de los aromos florecidos me recuerdan que la avenida León Bustos de mi extrañable provincia se pintan también de amarillo por estas fechas, donde la primavera comienza a dar sus primeros pasos.
El aromo me lleva a las tardes de brisa fresca del patio de la casa de San Antonio. Mi bisabuela solía sentarse a la sombra del árbol y yo me sentaba en sus piernas dispuesta a escuchar con una paciente atención sus historias de niñez. Los cuentos, las leyendas, “la llorona” que perdió al hijito, que los perros ladran cuando sienten al “patas de cabra”, que ella solo sabía tocar la guitarra en las trillas, “sí chinita, las trillas de verda’, esas a yegua suelta… con que gusto nos oían a nosotras que cantábamos relindo, y comía la gente… ¡tanta comida para alimentar a una cuadrilla!... si pue’ yo era cantora en las trillas…” Cuando le bajaba la nostalgia más de lo esperado, me mandaba con el cigarro en la mano pa’ entro’ donde estaba el brasero para que yo se lo trajera humeando… Mis primeros recuerdos del sabor amargo de esos cigarros antiguos y la tos incesante: los primeros pasos de tan inabandonable vicio ¿qué dirías abue si vieras a tu bisnieta fumándose un cigarro cada vez que el ánimo se lo pide? Seguramente me pedirías uno, pondrías alguna cara de extrañeza y devolviéndomelo me dirías que ya hasta los cigarros han cambiado, que no iguales que antes, “¿qué fumas chinita? ¡esto es veneno de ratas!”, reiríamos y estamparías un beso en mi mejilla.
Sí, nada es como antes. Esa casa se marchitó cuando tú te marchaste y contigo se fueron las tardes de verano buscando ese huevo de oro del cual me convenciste que existía solo para mí, entre medio de los tan diversos nidos de las gallinas, y que yo buscaba con máxima exaltación y siempre volvía a ti desilucionada, pero solo por el día pues tu me convencías que el mañana podría ser distinto. La casa perdió el color de la fachada y el aromo fue cortado. Todo lo que antes me parecía un inmenso bosque encantado por los duendes que se escondían en las matas de choclo, ahora solo es ante mis ojos los resquicios de una bonita infancia.
Los aromos traen a mí imágenes con texturas multiformes.
Las mismas ramas de éste que llenaban el velador de mi abuela paterna para venerar la imagen de San Pío y el Padre Hurtado; las mismas que alguna vez puse sobre el escritorio de quién tanto amé (y tal vez aún amo) para perfumar la habitación en la que dormía; los mismos brotes amarillos que ahora me hacen trasladarme hacia un espacio-tiempo indefinible…
(Que gusto encontrar tan singulares recuerdos en esta tierra lejana a la mía, recuerdos que ahora inundan mi pieza con su aroma amarillo, mientras yo sin poder contenerme las ganas, he escrito esta pequeña nota que trae a mi mente a esas grandes personas tan particulares de mi vida,en un ramillete dorado que adorna mi escritorio)
[Aminta]
3 comentarios:
algunos recuerdos nos mantienen con gnas de seguir adelante.
suerte.
Porqué las abuelas cuentan tantas historias? la mía también lo hacía.
Es raro pero a medida que pasa el tiempo se transforma en un recuerdo y sus historias, para mi al menos, son una forma de recordarla a ella misma.
Hubiese querido conocerla más tiempo, aprender sus recetas sin la mediación de mi madre.
:/
cuidate!
bye
gracias camili! sí, las historias de las abuelas son maravillosas... gracias sr. anónimo: suerte para usted también. y sí, tiene razón, a pesar de que muchos digan que recuerdos no son más que eso, en muchos de ellos encuentro la fuerza necesaria de cada día :)
Aminta.
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